- En Yaracuy funcionan solo tres unidades de diálisis con 42 máquinas, muchas de ellas en mal estado, lo que pone en riesgo la vida de 150 pacientes renales
- El gobierno regional prometió una nueva sede con 30 equipos y desde hace algunas semanas se comienzan a ver esfuerzos para mejorar la infraestructura y la atención de los enfermos renales
- A la espera de esa nueva y moderna sede, los pacientes sufren cortes eléctricos y falta de especialistas
Los pacientes renales en Yaracuy enfrentan una lucha desigual: contra su enfermedad y contra un sistema de salud en decadencia. Con apenas tres unidades de diálisis operativas y equipos obsoletos, la supervivencia de 150 enfermos depende de máquinas que fallan constantemente, de cortes eléctricos y de la escasez de nefrólogos.
Según la Asociación Civil de Pacientes Renales “Pablo Navea”, los pacientes están distribuidos entre dos unidades en San Felipe y una en Bruzual. Allí se reparten 42 máquinas, muchas con años de uso y averías frecuentes. En el 2023, una unidad ubicada en el municipio Independencia cerró sus puertas, trasladando a decenas de enfermos a la que funciona en el Hospital Central de San Felipe.
Entre 2020 y 2023, los pacientes protagonizaron protestas para exigir mejores condiciones. La falta de mantenimiento y los equipos dañados fueron el detonante.
La última dotación de máquinas ocurrió en 2023, cuando el Hospital Central recibió 15 equipos nuevos. Desde entonces, no ha habido reposiciones. La Sociedad Venezolana de Nefrología advierte que en todo el país apenas funcionan 54 unidades de diálisis para más de 5.000 pacientes renales, una capacidad muy por debajo de la demanda (1 y 2).
Infraestructuras en decadencia
En julio de este 2025, la Asociación de Pacientes Renales denunció el mal estado de la infraestructura de la Unidad de Diálisis Yaracuy, en San Felipe, un espacio donde las filtraciones ocasionaron daños graves a toda la infraestructura.
También acusaron que, debido a los cortes eléctricos, tuvieron que reducir de tres a dos las horas de tratamiento para que pacientes restantes de otros turnos pudieran dializarse y así regresar a tiempo a casa.

Este centro de hemodiálisis es uno de los que recibe mayor cantidad de pacientes en la entidad y el que tenía más problemas, entre ellos, roedores en la sala de hemodiálisis, sillas en mal estado, falta de mantenimiento a la planta de ósmosis y la carencia de un equipo generador de electricidad.
Aunque algunos de esos problemas se han ido solventando, las condiciones de este espacio no son las más óptimas. La infraestructura es pequeña, no cuentan con ambulancia y personal médico especializado de manera diaria, al igual que en Chivacoa, cada 15 días o semanal es que acude al sitio un médico nefrólogo para la atención de los pacientes. El resto de los días son atendidos por médicos generales. En el Hospital Central la historia es diferente, allí sí hay especialistas frecuentemente.

Dicha situación que va en contra de las normas que establece la Gaceta Oficial de Hemodiálisis, la cual señala diversos requisitos arquitectónicos y de funcionamiento para este tipo de establecimientos asistenciales, entre los que destaca:
- Ambiente para sala de espera con una capacidad correspondiente al 30-50% del total de puestos de tratamiento de hemodiálisis.
- Los pasillos por donde circulen camillas y/o sillas de ruedas deben tener un ancho mínimo de 1.50 metros.
- La unidad debe contar con un cupo de hemodiálisis disponible para emergencias en cada turno de trabajo.
- La unidad debe tener como mínimo con un médico nefrólogo a cuerpo presente por cada 25 pacientes en tratamiento.
Esperanza Rodríguez, presidenta de la Asociación de Pacientes Renales y quien lleva seis años en diálisis, dijo que las fallas de las máquinas son problema que no puede esperar, aunque reconoce que actualmente el mantenimiento de los equipos lo hacen con más frecuencia.

La también arquitecta yaracuyana señaló que crearon esta asociación civil para poder impulsar la autogestión: rifas, caminatas, vendimias y colaboración de algunos de los integrantes han permitido poder ayudar a los pacientes vulnerables que requieren de evaluaciones médicas o insumos.
Transporte: otro obstáculo para sobrevivir
Más de la mitad de los enfermos vive en municipios rurales y depende del transporte público para llegar a diálisis. Muchos deben tomar hasta dos autobuses por trayecto, con un pasaje urbano que ronda los $0,20.
Ruth Garrido, paciente renal, relató que tras las sesiones —que los dejan débiles— algunos deben caminar largos tramos hasta llegar a sus casas. Recordó el caso de Rafael, un compañero que acudía solo en silla de ruedas desde Las Mercedes y que falleció sin contar con un transporte digno.

La esperanza de una nueva sede
En agosto del 2025 el gobernador del estado Yaracuy, Leonardo Intoci, anunció que luego de algunas reuniones con pacientes y personal de salud, acordaron la puesta en marcha de una nueva sede, la cual sería acondicionada en el Ambulatorio Dr. Manuel Alcalá Medina del municipio Independencia.
Posteriormente, durante una presentación de proyecciones estratégicas, el mandatario regional dijo que este espacio sería el más grande de centroccidente, el cual contará con 30 máquinas nuevas de hemodiálisis.

Tras el encuentro, también ejecutó diversos trabajos de rehabilitación de la Unidad Yaracuy que incluyeron impermeabilización, mantenimiento a la planta de ósmosis y remodelación del espacio. Allí, fue removida la directiva del centro médico e incluso, el espacio es custodiado por personal de seguridad de manera permanente.
Además, los pacientes fueron incorporados a los programas de salud para la realización de evaluación médica y jornadas de colocación de fístulas.
Estos cambios le han dado un leve respiro a los enfermos renales, quienes esperan que se consolide la nueva sede, consideran una decisión acertada que sea en el ambulatorio, puesto que este espacio cuenta con planta eléctrica, además tendrán a la mano la atención primaria en caso de emergencias.
La presidenta de la asociación dijo que es fundamental que estos programas de ayuda, como los exámenes sanguíneos que les comenzaron a realizar, se mantengan en el tiempo. Sus vidas son las que están en riesgo.
La fe de cada uno de ellos está puesta en el proyecto de reubicación con nuevos equipos, puesto que la opción del trasplante está muy alejada de sus posibilidades. En Venezuela, el Sistema de Procura de Órganos y Tejidos (SPOT) para el trasplante de persona fallecida a vivo se encuentra paralizado desde hace más de 8 años.


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