- El aumento de precios en dólares impacta los ingredientes del plato navideño y reduce el consumo en mercados de Trujillo
- El costo de la cena completa oscila entre 245 y 332 dólares, en contraste con salarios mínimos que no superan los 0,52 dólares
- La tradición navideña se mantiene, pero las familias trujillanas reducen cantidades y simplifican recetas para poder celebrarla
La Navidad 2025 llega a Trujillo con una mesa más cara y un presupuesto más ajustado. Hace un año, Veniuska vendía sus hallacas a 1,50 dólares, pero este diciembre debió subirlas a 2 dólares para mantener la calidad del guiso y no sacrificar ingredientes. El incremento de 33,3% en el precio refleja un escenario que afecta a toda la región: celebrar las fiestas decembrinas cuesta más.
Este aumento no es un caso aislado. Es el reflejo de una realidad inflacionaria que vuelve a golpear al país justo en época decembrina. Las proyecciones económicas de distintas firmas coinciden en un repunte significativo de los precios, pese a que no existen datos oficiales recientes, pues el Banco Central de Venezuela dejó de publicar cifras en octubre de 2024. Desde entonces, la distorsión cambiaria ha empujado también el costo de los productos cotizados en dólares, alimentando lo que los economistas describen como una “inflación en dólares”.

En los hogares trujillanos, como en el resto de Venezuela, la cena de Navidad y la de fin de año representan mucho más que un simple plato. Son un ritual que reúne a la familia, un símbolo de identidad y una tradición que se resiste a desaparecer aun en los años más difíciles. Cada familia estira el presupuesto, suma aguinaldos y bonos, y se organiza para intentar preparar el menú completo: hallacas, pernil, pan de jamón, ensalada de gallina y los postres que marcan la celebración.
Sin embargo, la combinación de inflación y devaluación que se ha intensificado desde finales de 2024 complica la compra de cada uno de esos ingredientes. El encarecimiento es evidente en los mercados y supermercados de Trujillo, donde los precios han aumentado en dólares y la afluencia de compradores es menor.
“Las ventas han estado por el piso, claro que todavía es temprano, pero la gente ni siquiera viene a preguntar por aceitunas y alcaparras, que a estas alturas del año pasado o de 2023, que fue el mejor de los años recientes, ya esas cosas se habían vendido”, comentó un vendedor de verduras y víveres del mercado municipal de Valera.
A juicio de la economista Natalie Espinoza, la caída del consumo frente a años anteriores era previsible. “La temporada decembrina llega con un panorama económico mucho más complejo que el del año pasado. La inflación avanza a un ritmo más acelerado y el poder de compra se ha deteriorado significativamente, por lo que las familias enfrentan restricciones más duras para cubrir sus gastos”, explicó.
Inflación y devaluación: los golpes a la mesa navideña
La tradición del plato navideño siempre ha requerido un esfuerzo familiar, pero este 2025 llega con un reto mayor para los hogares trujillanos. Desde octubre de 2024 el país transita un ciclo de devaluación e inflación constante que ha afectado tanto al bolívar como al dólar, un fenómeno que, lejos de sorprender, se ha convertido en parte de la cotidianidad económica venezolana. En la calle, comerciantes y consumidores lo sienten día a día.
“El año pasado en esta época ya había más movimiento, pero este año con el bendito dólar subiendo todos los días estamos muy amarrados”, comentó un vendedor del centro de Valera.
La dinámica inflacionaria sigue marcando el ritmo de la vida diaria. Las estimaciones para el cierre de 2025 varían ampliamente debido a la falta de cifras oficiales. El FMI proyecta un 269,9% en bolívares, el PNUD lo ubica en 275% y Ecoanalítica calcula que podría superar 400%, mientras que Oxford Economics la proyecta en 483% y Bank of America en 530%.

En ausencia de información oficial, el comportamiento del tipo de cambio permite dimensionar la magnitud del problema. Entre enero y finales de noviembre de 2025, el bolívar se depreció 372,2%, pasando de unos 50 bolívares por dólar a más de 245. Este movimiento hace previsible que la inflación supere las proyecciones más conservadoras. Pero el mayor impacto llega por la vía de la inflación en dólares, un fenómeno que ya forma parte de la realidad venezolana. Ecoanalítica registró un alza de 20% solo en el primer semestre, y estimaciones independientes ubican el cierre anual entre 33,46% y 37%, lo cual va en concordancia con el aumento registrado en el precio de las hallacas.
El aumento se refleja directamente en los ingredientes del plato navideño. La harina de maíz precocida pasó de 0,90 a 1,40 dólares. La carne de res, que en 2024 rondaba los 7 dólares, se elevó a 10 dólares a mediados de 2025 y ahora casi alcanza los 13 dólares, un incremento de 85,8% en poco más de un año.
A esto se suman los gastos tradicionales de diciembre —ropa, juguetes, pintura, adornos—, mientras la canasta alimentaria mensual subió de 478,82 dólares en enero a 543 dólares en julio, según el CENDAS.

¿Cuánto cuesta preparar el plato navideño en Trujillo?
El corazón de la cena navideña venezolana es la hallaca, un plato que por tradición se prepara en grandes cantidades y que reúne ingredientes de distintos tipos: carnes, verduras, condimentos, hojas de plátano y productos importados como aceitunas, alcaparras, pasas y vino. Esa combinación ha hecho que, históricamente, su elaboración represente un gasto considerable para cualquier familia, pero en 2025 el impacto es mayor debido al encarecimiento general de los alimentos y a la inflación en dólares.
En un recorrido por el Mercado Municipal de Valera y otros comercios de Trujillo se constató que prácticamente todos los insumos necesarios para la receta aumentaron respecto al año pasado. Carnes más costosas, productos importados con ajustes constantes y básicos como la harina de maíz que ya no bajan del dólar por kilo conforman un escenario que presiona directamente el bolsillo de los hogares.
Con esta información y tomando como referencia una receta estándar para 100 hallacas —una cantidad frecuente en muchas familias que buscan cubrir todo diciembre— se elaboró la siguiente estimación de costos:

Pero la cena navideña incluye más que hallacas. El pan de jamón cuesta entre 10 y 30 dólares según tamaño y panadería, y el pernil, que puede ser de unos 7 kilos, va de 56 a 70 dólares. Si se considera que se consume un pernil y un pan de jamón tanto el 24 como el 31 de diciembre, el gasto en estos productos podría alcanzar entre 132 y 200 dólares.
Sumando esto al costo de las hallacas, el total estimado para la cena navideña completa se ubica entre 245 y 332 dólares, sin contar otros elementos como ensalada de gallina, refrescos, ponche crema, torta negra o panetone, que varían según cada familia.

El impacto en las familias
La gran pregunta es si la mayoría de los trujillanos podrá costear este incremento. Para los asalariados, especialmente del sector público, la situación es crítica. El salario mínimo sigue siendo 130 bolívares, apenas 0,52 dólares. Los aguinaldos pagados en partes suman hasta ahora 390 bolívares (1,58 dólares), suficiente solo para un kilo de harina.
Los trabajadores activos reciben además bonos —guerra económica y alimentación— que totalizan unos 160 dólares mensuales al cambio, un monto que, aunque relevante, se hace insuficiente frente al incremento sostenido de los precios.

La economista Natalie Espinoza señala que, pese a las dificultades económicas, la mayoría de las familias trujillanas intentará mantener sus comidas tradicionales, aunque en menor cantidad y con un enfoque más limitado. “Las hallacas antes se preparaban para que alcanzaran todo el mes de diciembre; ahora muchas familias harán solo las necesarias para el 24 y el 31”, explicó.
Para Espinoza, la hallaca es más que un alimento: es un elemento cultural profundamente arraigado en la identidad venezolana. Por eso, aunque el precio golpee el bolsillo, lo que veremos no es la desaparición de la tradición, sino su adaptación: menos unidades, recetas más sencillas y un esfuerzo por preservar, al menos en lo mínimo, el ritual navideño.
Ese sentimiento se repite en los hogares trujillanos. Flor Núñez, madre de tres niños, lo expresa con la determinación de quien se resiste a perder lo que da sentido a la fecha: “Es un reto mantener vigente la cena y las demás cosas de Navidad. Este año parece más difícil que nunca, pero al final con mucho esfuerzo uno siempre se las arregla para tener sus hallaquitas y su pernilito el 24 y el 31. No nos pueden quitar la tradición”.


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