- La respuesta estatal al doble terremoto del 24 de junio evidenció fallas de coordinación, logística y capacidad operativa durante las primeras horas de la emergencia
- La dependencia de ayuda internacional y la improvisación en rescates y refugios reflejaron una limitada capacidad de respuesta ante un desastre de gran magnitud
- Aunque Venezuela cuenta con estructuras formales de protección civil, la evidencia muestra que no existía una preparación anticipada efectiva para enfrentar una emergencia sísmica de esta escala
El ingeniero y exdirector nacional de Defensa Civil, Ángel Rangel, afirmó el 27 de junio de 2026, durante una entrevista con DW Español, que en Venezuela “no ha habido un plan anticipatorio para la emergencia”, al referirse a la respuesta estatal tras el doble terremoto del 24 de junio.
Recalcó, a partir del minuto 4:40, que “en las grandes emergencias no hay espacio para la improvisación”.
Aunque el país cuenta con organismos de gestión de riesgo, la evidencia muestra fallas de coordinación, logística y capacidad operativa que sustentan su afirmación: Venezuela no tenía una preparación anticipada efectiva para responder a una emergencia sísmica de esta magnitud.
Por estas razones, el equipo de Cotejo.info califica la afirmación como verdad. La respuesta al doble terremoto evidenció, además, una alta dependencia de ayuda internacional y episodios de improvisación en rescates y refugios, lo que confirma la ausencia de un plan efectivo para un evento de esta escala.
Más que un protocolo: qué implica un plan anticipatorio
La frase de Rangel puede interpretarse de forma limitada si “plan” se entiende como la mera existencia de protocolos o manuales burocráticos. En gestión de riesgo, un plan anticipatorio implica preparación real: identificación de amenazas, reducción de vulnerabilidades, simulacros, logística de respuesta, cadenas de mando y coordinación entre instituciones, de acuerdo con estándares de la United Nations Office for Disaster Risk Reduction.
Por eso, el análisis no se centra en si Venezuela posee normas de Protección Civil en papel, sino en si contaba con una capacidad organizada y operativa para enfrentar un evento sísmico de gran escala.
Los terremotos del 24 de junio —de magnitudes 7,2 y 7,5— provocaron daños generalizados en Caracas, La Guaira y otros estados, dejando cientos de fallecidos, miles de heridos y severos daños en infraestructura crítica.
La respuesta mostró improvisación y ausencia de coordinación técnica
La evidencia más contundente aparece en las primeras 72 horas posteriores al desastre. Reportes periodísticos documentaron retrasos en las labores de rescate, dificultades para movilizar maquinaria pesada, problemas de acceso a zonas críticas, escasa coordinación entre autoridades civiles y militares, así como deficiencias en la comunicación oficial.
En varias zonas afectadas, vecinos removieron escombros con herramientas improvisadas e incluso con sus manos. Medios nacionales e internacionales también reportaron caos logístico en la distribución de ayuda y obstáculos para brigadas de rescate. (1 y 2).
La falta de maquinaria pesada para remover escombros fue una de las principales dificultades en las zonas afectadas. Coberturas internacionales describieron escenarios donde la remoción inicial de estructuras colapsadas se realizó con herramientas manuales, mientras se esperaba la llegada de equipos especializados.
La llegada posterior de equipos internacionales evidenció la brecha de capacidad en la respuesta inmediata, en contraste con las limitaciones logísticas locales durante las primeras horas de la emergencia.
Rangel también explicó que una de las principales carencias fue la falta de mando técnico unificado para dirigir las operaciones de emergencia. También señaló que el rescate en estructuras colapsadas requiere equipos especializados -como sensores térmicos y tecnología de búsqueda- que no estuvieron disponibles de forma suficiente en las primeras horas.
La ausencia simultánea de mando unificado, despliegue logístico eficiente y equipamiento especializado es consistente con un déficit de preparación anticipada.
La ayuda de 24 países evidenció limitaciones internas
Otro indicador clave fue la rápida dependencia de asistencia internacional. Apenas cuatro días después del terremoto, Venezuela había recibido ayuda humanitaria de 24 países, incluyendo equipos de rescate, hospitales de campaña, apoyo logístico y asistencia sanitaria.
La cooperación internacional es habitual en grandes catástrofes, pero la magnitud y rapidez de la ayuda requerida también reflejan limitaciones de capacidad instalada.
Organismos internacionales desplegaron hospitales de campaña, equipos USAR de búsqueda y rescate, suministros médicos y asistencia humanitaria para personas desplazadas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó además sobre la presión extrema sobre el sistema de salud venezolano y el riesgo de brotes epidemiológicos en refugios improvisados.
Si hubiese existido una preparación anticipatoria robusta, la infraestructura de respuesta nacional habría mostrado mayor capacidad de absorción durante la fase crítica.
El terremoto agravó vulnerabilidades estructurales preexistentes
El impacto del desastre no puede analizarse aislado del contexto venezolano. Antes del doble terremoto, el país ya enfrentaba una crisis prolongada en servicios públicos, infraestructura hospitalaria, transporte y mantenimiento urbano. Ese deterioro estructural incrementó la vulnerabilidad sísmica.
Rangel sostuvo que Venezuela llegó al terremoto “en las peores condiciones de vulnerabilidad social, económica y política”.
Esta lectura coincide con expertos en gestión de desastres: las amenazas naturales no necesariamente producen desastres masivos; estos ocurren cuando coinciden con alta fragilidad institucional y social.
La situación de infraestructura crítica refuerza ese punto. El aeropuerto internacional de Maiquetía sufrió daños estructurales, obligando a desviar vuelos hacia Valencia. También se reportaron interrupciones de electricidad, agua y conectividad, así como fallas en hospitales y refugios temporales.
La NASA (Agencia espacial estadounidenses, por sus siglas en inglés) estimó cerca de 59.000 inmuebles dañados tras el doble sismo.
Existían estructuras formales, pero no preparación efectiva
El principal contraargumento a la frase de Rangel es que Venezuela sí posee formalmente instituciones de protección civil. Ese punto es cierto. Sin embargo, el chequeo no se agota en la existencia nominal de organismos o protocolos.
La evidencia indica que esas estructuras no se tradujeron en prevención suficiente, reducción de vulnerabilidad, despliegue técnico eficiente ni coordinación interinstitucional funcional. En otras palabras, podían existir mecanismos formales, pero no una capacidad operativa equivalente a un verdadero plan anticipatorio.
Conclusión
La afirmación de Ángel Rangel es verdad. Aunque Venezuela cuenta formalmente con organismos y protocolos de gestión de riesgo, la respuesta al doble terremoto evidenció graves fallas de planificación, coordinación y capacidad operativa.
La improvisación en rescates, la dependencia temprana de ayuda internacional, la ausencia de un mando técnico unificado y el deterioro de infraestructura crítica muestran que el país no contaba con una preparación anticipada efectiva para enfrentar una emergencia sísmica de esta magnitud.
El problema, más que la inexistencia burocrática de protocolos, fue la ausencia de un sistema funcional capaz de reducir vulnerabilidades y responder con rapidez y coordinación.


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