- El incremento oficial de 9,6 % en el “consumo de alimentos” presentado por Delcy Rodríguez no está acompañado públicamente de una fuente estadística ni de una metodología que permita comprobar cómo fue calculado
- FAO reporta una reducción de la subalimentación en Venezuela, pero persisten vacíos de información sobre inseguridad alimentaria y asequibilidad de una dieta saludable. Encovi y FEWS NET también muestran que una parte importante de la población continúa enfrentando restricciones económicas para acceder a los alimentos
- Datos de la Asociación Nacional de Supermercados y Autoservicios (ANSA) muestran un aumento de 21 % en las unidades vendidas entre enero y julio de 2026 frente al mismo período de 2025, una señal compatible con una recuperación parcial del consumo
El 16 de agosto de 2026, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, aseguró que el consumo de alimentos en el país aumentó durante los primeros siete meses de 2026 y presentó varias cifras como evidencia de un proceso de recuperación económica nacional.
De acuerdo con las reseñas divulgadas en medios de comunicación (1, 2) y redes sociales, Rodríguez expresó lo siguiente:
“Bueno, viendo las buenas noticias, de cómo en los primeros 7 meses se incrementó el consumo de alimentos en un 9,6 %, las proteínas se incrementaron 11,80 %, los cereales 4,78 % y las grasas 6,99 %. ¿Qué es positivo? Que hay más consumo de alimentos de nuestro pueblo, es un proceso de recuperación paulatina”.
Las declaraciones fueron reproducidas en el perfil Facebook de Venezolana de Televisión (VTV) y distintos portales y organismos oficiales. La Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (Sundde), por ejemplo, publicó los mismos porcentajes y los presentó como parte de los resultados económicos alcanzados durante 2026.
El equipo de Cotejo.info fijó su lupa periodística en la afirmación de Rodríguez según la cual “hay más consumo de alimentos de nuestro pueblo” y determinó que se trata de una media verdad.
Tras revisar indicadores independientes sobre ventas, condiciones de vida, seguridad alimentaria y poder adquisitivo, se encontró que existen señales compatibles con una recuperación parcial del consumo, aunque la evidencia disponible no permite comprobar el porcentaje presentado por Rodríguez ni extender esa mejoría al conjunto de la población venezolana.
El porcentaje oficial de consumo de alimentos no tiene una metodología pública
La presidenta encargada de Venezuela se refirió a un incremento de 9,6% en el “consumo de alimentos” del país, pero las publicaciones oficiales consultadas que reproducen ese porcentaje no explican cuál es el origen del cálculo. Rodríguez tampoco lo hizo en su alocución.
El concepto de consumo de alimentos por parte de la población puede construirse mediante indicadores diferentes. La Revista Española de nutrición comunitaria explica que “los métodos de evaluación de la dieta más comúnmente utilizados en programas de nutrición incluyen las Hojas de Balance de Alimentos (FBS), el Recordatorio de veinticuatro Horas (24 HR), los Cuestionarios de Frecuencia de Consumo alimentario (FFQ), la Herramienta de Evaluación Rápida de Fortificación (FRAT) y las Encuestas de Consumo y Gasto en los Hogares (HCES)”.
En este sentido, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) documentó en diciembre del año 2000 que Venezuela llegó a contar con instrumentos específicos para medir el consumo de alimentos. “Entre 1990 y 1997, la entonces Oficina Central de Estadística e Informática realizó trimestralmente la Encuesta de Seguimiento al Consumo de Alimentos (ESCA) en áreas urbanas”, indica en el documento titulado Perfiles Nutricionales por Países dedicado a Venezuela.
La FAO también advierte en ese documento que las Hojas de Balance de Alimentos y las encuestas de consumo son fuentes de distinta naturaleza y que sus resultados suelen presentar diferencias.
Actualmente, se desconoce si el porcentaje sobre consumo de alimentos indicado por Rodríguez procede de una encuesta de hogares, ventas comerciales, disponibilidad aparente de alimentos, hojas de balance u otro indicador.
Una medición independiente de las cifras presentadas por el Ejecutivo respalda que durante 2026 ha aumentado el volumen de productos comprados en supermercados. El presidente de la Asociación Nacional de Supermercados y Autoservicios (ANSA), Ítalo Atencio, informó el 17 de agosto que las cadenas afiliadas registraron un crecimiento acumulado de 21 % en unidades vendidas entre enero y julio de 2026, en comparación con el mismo período del año anterior, según reseñas de Últimas Noticias y Ciudad Caracas.
El período coincide con los primeros siete meses utilizados por Rodríguez para sustentar su afirmación. Pero dicha cifra no es comparable con el dato de Rodríguez. El crecimiento registrado por ANSA corresponde al canal de supermercados, cuyos establecimientos comercializan alimentos junto con productos de higiene, limpieza y otras categorías.
Aunque se trata de una señal de mayor actividad comercial y consumo, no permite concluir que todos los hogares venezolanos estén comprando o ingiriendo más alimentos.
FAO registra menos subalimentación, pero persisten vacíos de información
El informe titulado “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026 (SOFI)”, elaborado por FAO y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), estima que la prevalencia de subalimentación en Venezuela se ubicó en 5,3 % durante 2023-2025, equivalente a alrededor de 1,5 millones de personas.
Según FAO, la subalimentación es la condición en la que el consumo habitual de alimentos de una persona es insuficiente para proporcionarle la energía calórica necesaria y llevar una vida normal, activa y sana.
El informe SOFI 2026 advierte que en el país existen vacíos informativos que impiden determinar cómo se distribuye esa recuperación entre la población, según los datos reseñados por el Correo del Caroní el 21 de julio. Venezuela no dispone de estimaciones publicadas sobre inseguridad alimentaria moderada o grave mediante la escala FIES, ni sobre el costo de una dieta saludable o la proporción de habitantes que no pueden costearla.
Los indicadores nutricionales aclaran que un aumento del consumo no implica necesariamente una mejora equivalente en la calidad de la alimentación. Según los datos documentados, la prevalencia de anemia entre las venezolanas de 15 a 49 años aumentó de 19,1% en 2012 a 25,2% en 2023, equivalente a alrededor de 1,7 millones de mujeres. Además, durante 2021-2025, solo 63,1% de las mujeres venezolanas alcanzó la diversidad alimentaria mínima, frente a un promedio regional de 77,5%.
En la infancia, se estima que el retraso del crecimiento disminuyó ligeramente, de 12,2% en 2012 a 11,7% en 2024, pero todavía afectaba a alrededor de 200.000 niños venezolanos.
La recuperación convive con dificultades para acceder a los alimentos
La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi 2025), elaborada por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello a partir de una muestra de 11.352 hogares, encontró una mejoría de los indicadores de ingresos respecto a los años anteriores. La pobreza de ingresos disminuyó de 73,2% de los hogares en 2024 a 68,5 % en 2025, mientras la pobreza extrema pasó de 36,5% a 31,7%.
Este descenso constituye otra evidencia compatible con una recuperación parcial de la capacidad de consumo. Pero los resultados también muestran los límites de esa recuperación.
La Encovi define la pobreza extrema como aquella situación en la que los ingresos no permiten cubrir las necesidades alimentarias. En 2025, 1 de cada 3 hogares venezolanos permanecía en esa condición. Si se observa el indicador por personas, 38,5% de la población se encontraba en pobreza extrema y no podían cubrir su alimentación.
Por tanto, la mejoría de determinados indicadores económicos y comerciales en Venezuela convive con una proporción significativa de la población cuyos ingresos continúan siendo insuficientes para cubrir sus necesidades de alimentación.
La Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna (FEWS NET) estima que, pese a las mejoras macroeconómicas graduales, la erosión del poder adquisitivo de los venezolanos continuará hasta el mes de septiembre, en medio de los elevados precios de los alimentos.
La organización proyectó que la mayoría de los hogares pobres podía satisfacer sus necesidades alimentarias mínimas, aunque enfrentaba dificultades para cubrir otros gastos esenciales debido a la inflación alimentaria y al limitado poder adquisitivo. Algunos grupos con ingresos reducidos o sin acceso suficiente a programas de protección social presentaban incluso brechas en su consumo alimentario.
Pero también observó mejoras en el acceso financiero a los alimentos para hogares beneficiarios de programas de protección social y una estabilización gradual de algunas variables macroeconómicas. Se trata de un progreso “lento y gradual”.
En el portal de la organización se observa que para febrero de 2026, se había estimado que entre 1,5 y 1,9 millones de personas necesitaban asistencia alimentaria humanitaria, aunque proyectaba una reducción progresiva de esa población si continuaban mejorando las condiciones macroeconómicas. Mientras que para enero de 2026 indicó que los mercados mantenían un suministro adecuado de alimentos gracias al abastecimiento dado por una combinación de productos nacionales con rubros importados.
Calificativo final: Media verdad
La afirmación de Delcy Rodríguez de que “hay más consumo de alimentos de nuestro pueblo” es una media verdad.
Hay evidencia disponible que muestra algunas señales de recuperación. ANSA registró un aumento de 21% en las unidades vendidas por los supermercados afiliados entre enero y julio de 2026, mientras la Encovi reportó una reducción de la pobreza de ingresos y el SOFI 2026 estimó una disminución de la subalimentación en Venezuela.
Aunque miden dimensiones diferentes, son compatibles con una mejora parcial de las condiciones de consumo y alimentación.
Sin embargo, el incremento de 9,6% utilizado por Rodríguez para sustentar su afirmación no puede comprobarse de manera independiente. Las publicaciones oficiales que reproducen la cifra no identifican su fuente estadística ni explican cómo fue calculada, por lo que se desconoce qué mide exactamente ese porcentaje.
Los datos disponibles tampoco permiten extender la mejoría al conjunto de la población. La Encovi encontró que 31,7% de los hogares permanecía en pobreza extrema en 2025 y FEWS NET documentó sobre los meses transcurridos de 2026 que los elevados precios y el limitado poder adquisitivo continuaban restringiendo el acceso a los alimentos entre los hogares más vulnerables.
Por tanto, existen indicadores que respaldan una recuperación parcial, pero la falta de trazabilidad del dato oficial y las persistentes brechas de acceso impiden sostener en toda su amplitud la afirmación de Rodríguez.


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